La vista suprema

Antes de nuestro viaje a Suiza, mi imagen mental era de los Alpes nevados, cabras pastando y campesinos de montaña soplando cuernos alpinos. Pero de camino al sur desde Zúrich, el paisaje era el mismo enredo gris de autopistas que veíamos en cualquier ciudad. Para llegar a nuestro alojamiento, tuvimos que subir por un precario camino de tierra de un solo carril, y luego cargar nuestras maletas por empinadas escaleras de piedra. Exhaustos y decepcionados, finalmente llegamos al patio. Y allí, desplegándose ante nosotros, una vista extraordinaria: los Alpes majestuosos sobre el azul del lago de Lucerna, con pequeños pueblos brillando como luciérnagas. El suplicio había valido la pena.

Auténtico Hijo de Dios

Un concurso de fotografía evaluaba imágenes creadas con inteligencia artificial (IA). Solo se permitían imágenes generadas por ese medio. Una de las ganadoras fue una representación surrealista: algo que parecía un flamenco rosa enroscado como una bola de plumas, sobre un paisaje arenoso.

Dios imponente

Como fotógrafo de paisajes, me atraen las fotos que encuentro en Internet. Hace poco, me topé con «10 de los lugares más impresionantes de EE. UU.». Una foto de un manantial geotérmico muestra una enorme cuenca de luminiscencia multicolor. Una instantánea de la selva tropical de Hoh muestra un bosque que parece sacado directamente de El Hobbit. Una impresionante fotografía tomada en Monument Valley, Arizona, podría ser una panorámica de Marte.

Prosperar en la presencia de Dios

Los zoólogos describen «el baile de las tortugas»: el encantador comportamiento de las tortugas bobas ante los alimentos. Se ponen en posición vertical, abren la boca, aplauden con sus aletas delanteras y giran en el agua. Pero se ha demostrado que la interferencia de ondas de radio puede alterarles su «GPS» interno, lo cual confunde su navegación, las distrae de su fuente de alimento y, tristemente, detiene su danza.

Las veredas de la vida

Nació esclavo en la década de 1860. Era un bebé enfermizo y fue vendido por el precio de un caballo. De adolescente, presenció el asesinato de un hombre negro a manos de un grupo de personas blancas. Sorprendentemente, George sobresalió en la escuela, pero cuando se inscribió en la Universidad Highland en Kansas, lo rechazaron por el color de su piel. Aun así, este joven mantuvo una profunda fe en Dios. El versículo preferido de George W. Carver era Proverbios 3:6: «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas».

La luz de la vida

En 1905, un joven desaliñado se encerró en su apartamento en Berna, Suiza, y llevó a cabo complejos experimentos mentales sobre la naturaleza del universo. Frenéticamente concentrado, el físico trabajó una y otra vez sus cálculos. Cuatro meses después, había reescrito gran parte de lo conocido sobre cómo funciona el mundo. Ese hombre era Albert Einstein. Tenía veintiséis años. Pero aunque poseía una mente científica brillante, dijo: «Cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo mucho que no sé».

Rendidos y quietos

No se sabe mucho sobre Adelaide Pollard, y tal vez esta sea la idea. Fue una sierva humilde de Dios que no buscaba reconocimiento. A los cuarenta años, sintió un fuerte llamado a ser misionera en África, pero esa puerta se cerró y quedó profundamente desanimada. Sin embargo, recordó un versículo: «como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano» (Jeremías 18:6). Al tiempo, escribió un himno con estas palabras: «Tú el alfarero, yo el barro soy».

El tiempo de Dios

Hasta 1967, las unidades de tiempo se medían científicamente según patrones astronómicos: la rotación de la Tierra y su traslación alrededor del sol. Pero con el paso de los siglos, surgió un problema: la Tierra está desacelerando su órbita. Se descubrió que la unidad del segundo es más larga de lo que solía ser. Aunque el cambio es gradual, desde la época de Cristo, el mundo ha «perdido» un total de tres horas.

Tesoro en el cielo

Es común que quienes viajan al extranjero por primera vez empaquen demasiadas cosas. Temen estar lejos de casa y necesitar algo. Pero un artículo reciente habla de los problemas de sobrecargar el equipaje. Aconseja no llevar champú ni secadores de cabello (casi todos los hoteles tienen), y tampoco zapatos ni libros adicionales, que son voluminosos y pesados. El autor señala que, al cargar una maleta pesada por las calles adoquinadas de Europa, uno deseará no haber llevado tanto.

Sobrevivientes por la misericordia de Dios

Charles Joughin era marinero, y en 1912, fue empleado en un barco que salía de Inglaterra: el Titanic, que chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte. Joughin ayudó a muchos a subir a los botes salvavidas, pero él permaneció en la popa del barco hasta que se hundió. Milagrosamente, sobrevivió.